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Ítaca

“…. Cuentan que Ulises, harto de prodigios,

lloró de amor , al ver su Ítaca, verde y humilde.”

(de Arte Poética, Jorge Luis Borges).

Todos los que me conocen saben de mi pasión por  “la anécdota de Borges”. Es la anécdota que suelo contar una y otra vez, y que un día os relataré también a vosotros. Me gusta tanto, tanto, que a veces pienso que sólo tuvo lugar aquella vez para que yo la contara después. Pues bien , cuando Borges escribió Arte Poética , “la escribió para mí” (ya lo comprenderéis si no lo habéis entendido ya), pensando  cuánto me gusta Heráclito y la inconstancia de su río, que es el mismo y es otro. Pero sobre todo pensando en lo que Itaca significa para mí.

Hay viajes largos y viajes cortos. Viajes cercanos y viajes lejanos. Viajes que marcan y viajes que pasarán desapercibidos por nuestra vida. Pero el viaje más importante, el que quizá sea más transcendental para todos nosotros, es un  viaje que tiene como destino irrefutable Itaca. Y puede que nos esté esperando Penélope o no. Puede que no haya nadie tejiendo y destejiendo hilos al final de viaje. Puede que sea una utopía o una realidad irreductible. Pero lo cierto , es que al final del camino, Ítaca nos mirará impertérrita, y nosotros lloraremos ( si tenemos corazón) ante su belleza, verde y humilde. Y puede que el río sea inconstante y eterno. Puede que nos perdamos como el río, y que los rostros pasen como el agua. Pero Ítaca siempre nos esperará con las manos abiertas.

El viaje será largo, y lleno de prodigios. Ni los ciclones, ni las sirenas, ni los cíclopes ni la cólera de Poseidón podrá detener nuestro camino. Y nos deleitaremos con cada experiencia , con cada, aroma, con cada sabor, con cada tacto. Y dejaremos en cada destino parte de nosotros, y parte de cada destino se irá uniendo a nuestro propio cuerpo, confundiéndose con el río inconstante. Y soñaremos que soñamos una vigilia, y que pronto estaremos cerca de ítaca.

Y puede que nos perdamos en nuestro viaje, puede que no encontremos el camino o que olvidemos nuestro destino. Pero allí se erigirá Itaca, como un faro, una estrella polar que nos ilumina. Para recordarnos que ella nos aguarda, con impaciencia, aunque sepa que el viaje es largo y larga es la espera.

Espero que cada cual tenga su propia Ítaca, y espero que os aguarde. También espero que lloréis al verla, y que al divisarla, verde y humilde, recordéis el bello poema de Konstantino Kavafis que aquí os dejo:

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

C. P. Cavafis. Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid 1999.

Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña

PD:En mis años de Facultad existía en Murcia, una precioso café llamado Ítaca, que tenía en su interior una biblioteca completa, donde se podía leer y jugar al ajedrez y que irradiaba toda la magia del Mediterráneo, casi como si de veras estuvieras en una isla perdida del Mar Egeo. Allí se reunían poetas, escritores, cantautores…. Itaca hoy ya no existe y es una lástima que ya no esté y que haya desaparecido. Cuánto pierde una ciudad cuando un lugar así se apaga, cuánta falta hace más lugares de encuentro cultural y menos chorradas.

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